¿Por qué a veces un zapateado ejecutado a la perfección matemática nos deja completamente fríos? Durante los últimos meses de observación en nuestros ensayos dancísticos, una constante se ha adueñado de mis reflexiones: el peligro latente de automatizar el folclore y convertirlo en un simple ejercicio deportivo.
El zapateado no es ruido. No se trata de quién golpea más fuerte el tablado ni de quién alcanza los decibeles más altos. El zapateado es un diálogo íntimo con la tierra, una percusión sagrada que traduce las emociones internas en compases acústicos.
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